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¿Cómo se elige a un Obispo?









La Diócesis de Ourense en este momento, tras el nombramiento de D. Luis Quinteiro Fiuza como Obispo de Tuy-Vigo, es "Sede vacante"
Pero, ¿Quién elige al nuevo Obispo? Aquí hay dos opciones: que trasladen a un Obispo o que entre algún sacerdote español, sea consagrado Obispo. En relación a la primero, sería un simple movimiento de cargo y en relación a lo segundo es precisamente por lo que escribo este post.

¿Quién tiene la responsabilidad de elegir entre un sacerdote para elevarlo al grado de Obispo?
Es el Papa quien designa libremente a los sacerdotes que han de ser consagrados Obispos.
El Código de Derecho Canónico es claro al decir que la  decisión de nombrar a los Obispos en la Iglesia de rito latino corresponde al Papa: 

Canon 377 
§ 1: El Sumo Pontífice nombra libremente a los Obispos, o confirma a los que han sido legítimamente elegidos.

Es el Papa, por lo tanto, quien  designa libremente a los sacerdotes que han de ser consagrados Obispos. La designación se hace bien mediante nombramiento directo, bien a través de la confirmación de quien haya sido legítimamente elegido.
En la Iglesia de rito latino es norma común el nombramiento directo por el Romano Pontífice. La confirmación de los que han sido legítimamente elegidos alude a la costumbre legítima en algunas diócesis, según la cual el Cabildo de la catedral participa de algún modo en la elección del Obispo diocesano, muchas veces mediante la proposición de una terna de nombres al Papa. Esto sucede en algunas diócesis centroeuropeas.
Por lo que nos corresponde en España me voy a dedicar lógicamente al nombramiento directo.

Es lógico que el Papa no conoce a todos los sacerdotes, por lo tanto, ¿Quién le ayuda?

Canon 377

§ 2: Al menos cada tres años, los Obispos de la provincia eclesiástica o, donde así lo aconsejen las circunstancias, los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de común acuerdo y bajo secreto una lista de presbíteros, también de entre los miembros de institutos de vida consagrada, que sean más idóneos para el episcopado, y han de enviar esa lista a la Sede Apostólica, permaneciendo firme el derecho de cada Obispo de dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.
§ 3: A no ser que se establezca legítimamente de otra manera, cuando se ha de nombrar un Obispo diocesano o un Obispo coadjutor, para proponer a la Sede Apostólica una terna, corresponde al Legado pontificio investigar separadamente y comunicar a la misma Sede Apostólica, juntamente con su opinión, lo que sugieran el Arzobispo y los Sufragáneos de la provincia, a la cual pertenece la diócesis que se ha de proveer o con la cual está agrupada, así como el presidente de la Conferencia Episcopal; oiga además el Legado pontificio a algunos del colegio de consultores y del cabildo catedral y, si lo juzgare conveniente, pida en secreto y separadamente el parecer de algunos de uno y otro clero, y también de laicos que destaquen por su sabiduría.

Hablando en cristiano, los Obispos de una misma provincia eclesiástica tienen la obligación de elaborar y mantener actualizada una lista de presbíteros idóneos para el episcopado. Entre estos presbíteros han de incluir los sacerdotes que no son o están incardinados en las diócesis pero residen en su territorio. Además, cada Obispo diocesano puede dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.
Cada vez que se produzca una vacante en una diócesis, el Nuncio ha de proponer a la Santa Sede una terna de nombres, previa una investigación sobre la idoneidad de los candidatos y demás circunstancias que concurran en la diócesis: ha de preguntar al Arzobispo metropolitano, a los demás Obispos de la provincia eclesiástica, al presidente de la Conferencia Episcopal, y a algunos personajes relevantes de la diócesis cuya vacante se trata de cubrir: se prescribe la consulta de algunos miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo de la Catedral, y si lo ve conveniente puede pedir la opinión de clérigos regulares y seculares así como de laicos. En la terna de nombres pueden aparecer presbíteros y Obispos de otras diócesis, cuyo traslado se propone. Todo siempre bajo “Secreto Pontificio”.

¿Qué requisitos deben tener los candidatos?
El canon 378 ofrece los requisitos que deben reunir los candidatos al episcopado:

Canon 378 
§ 1: Para la idoneidad de los candidatos al Episcopado se requiere que el interesado sea: 

  1. insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata;
  2. de buena fama;
  3. de al menos treinta y cinco años;
  4. ordenado de presbítero desde hace al menos cinco años;
  5. doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teología o derecho canónico, por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas.

§ 2: El juicio definitivo sobre la idoneidad del candidato corresponde a la Sede Apostólica.


¿Pueden las autoridades civiles intervenir?
Apunto esta pregunta porque históricamente las autoridades civiles han tenido derecho de intervención de diversos modos, era el llamado derecho de presentación.
Pero, actualmente ya es distinto quitando que la Santa Sede notifica al Gobierno el nombre del designado, por si respecto a él existen objeciones concretas de índole política general, aunque la valoración de dichas objeciones  corresponde siempre a la Santa Sede.
El único derecho de presentación que existe es para el nombramiento del Arzobispo castrense, según el cual se forma una terna de nombres de común acuerdo entre la Nunciatura y el Ministerio de Exteriores. El Rey presenta de estos nombres uno de ellos para su nombramiento por el Papa.

¿Puede ser un Obispo extranjero Obispo en España?
Según el concordato entre Iglesia y estado español. NO.



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Carta dirigida a Maruja Torres

Señora Torres,

He tenido la delicadeza de leer su artículo, "El sexo de los curas", publicado en El País, y quisiera dirigirme a vuestra usía, por si la casualidad del ciberespacio, hiciera posible que viera estas palabras.
Me presento, soy un "susodicho", un "sujeto", un "mutilado emocionalmente" y todas esas santas lindezas que sin conocerme, me y nos dedica, aunque me siento más elogiado con sus palabras, en comparación a las que en otras ocasiones su educación dedicó, por ejemplo, usted llamó putas a 10.000.000 de mujeres aquí en España. Es un número inexacto, pero aunque lo dejemos en 5, 4, 3, 2 o incluso 1 millón no deja de ser una lindeza. Desde el domingo, en el que leí su artículo, estuve esperando a tener un hueco libre para dirigirme a vuestra usía, y he aquí el motivo de mi carta.
Decirle que soy una persona que desde hace 13 años hizo sus promesas de vivir castamente, y quisiera pedirle perdón por no actuar como le gustaría a usted. Primeramente, le diré que se confunde cuando dice que me lo impusieron, al usted hablar de "celibato obligatorio" Yo era consciente del paso que estaba tomando, nadie me lo impuso, ni nadie atentó contra mi libertad obligándome a tomar esa decisión. En algo quisiera, y creo que estará en acuerdo conmigo, este paso, al igual que el matrimonio, la convivencia, etc... hay que darlo con una madurez afectiva, a nadie deberían ordenar sacerdote sino ha alcanzado una madurez afectiva, sino es cuando pueden llegar a producirse las desviaciones, las degeneraciones, las atrocidades de los mal nacidos pederastas. Los delitos de pederastia no son fruto de la castidad, repito por si no se me oyó, ¡LOS DELITOS DE PEDERASTIA NO SON FRUTO DE LA CASTIDAD!
Siento mucho que me trate como un autómata sin capacidad de sentimiento, admiración, de amar, de sufrir, de llorar... porque me da la impresión que reduce el concepto de SEXUALIDAD al de GENITALIDAD. Yo, si he renunciado a una genitalidad a lo que usted pone como "...el estremecimiento de la piel desnuda de otro rozando la propia...", pero no he renunciado al estremecimiento que si me produce el abrazar, querer, llorar y amar a otras personas, a pesar de que vayan vestidas. Y esa castidad que me toca vivir a mi le toca vivir, creo yo, a muchas personas que hicieron un compromiso de fidelidad sean sacerdotes, sean parejas, matrimonios, etc... Por supuesto, si en nuestros valores, entra el concepto de fidelidad. 
Dice que sólo hablamos teóricamente, pero creo que en ese mismo pecado está cayendo usted al hablar de nosotros que sin saber habla como si nos hubiese parido. Voy a utilizar una comparación, aunque son odiosas, un médico para curar un cáncer no tiene que haberlo padecido con anterioridad.
Pero, perdón por meterme donde no me llaman ya que el escrito suyo iba dirigido a esos "padres católicos" que tienen la desfachatez de mandar a sus hijos a un colegio que tienen ideario católico. Muchas veces pienso en esas personas que enarbolan la bandera de la libertad pensando que son ellos los únicos que la pueden coger y por eso no se la dejan a nadie. Supongo que esos pobres padres tendrán la libertad suficiente e incluso pienso que la capacidad para poder decidir por si. Habla del tejido social como si fuera usted la que tejió la manta de España y que sólo debe tener sus miras, perdone que me levante, pero ya leí su artículo y me he sentado a dedicarle unas palabras. Sólo le diré que YO ME CONFIESO Y LE PIDO PERDÓN POR NO PENSAR COMO USTED.


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La gallina desplumada






A una mujer que se confesaba frecuentemente de hablar mal de los demás, san Felipe Neri le preguntó:


— ¿Te sucede con frecuencia hablar mal del prójimo?


— Muy a menudo, Padre -responde la penitente.


— Hija, creo que no te das cuenta de lo que haces. Es necesario que hagas penitencia. He aquí lo que harás: mata una gallina y tráemela enseguida, desplumándola por el camino desde tu casa hasta aquí.


La mujer obedeció, y se presentó al santo con la gallina desplumada.


— Ahora -le dijo Felipe-, regresa por el mismo camino que viniste y recoge una por una las plumas de la gallina…


— Pero eso es imposible, padre -rebatió la mujer-, con el viento que hace hoy no podré encontrar más que unas pocas.


— También yo lo sé -concluyó el santo-, pero he querido hacerte comprender que si no puedes recoger las plumas de una gallina, desparramadas por el viento, tampoco puedes recoger todas las calumnias levantadas y dichas de mucha gente, y en perjuicio de tu prójimo.

No quisiera añadir muchas palabras para no desvirtuar el sabroso mensaje que nos ofrece esta anécdota, pero quisiera hacer una pequeña referencia.
Es un gran pecado colectivo el hablar de los demás sin ser muchas veces conscientes del daño que podemos causar. Primero si es falso se convierte en calumnia y segundo si es cierto se convierte en difamación. Nos gusta "ver la astilla en el ojo del prójimo y no reparamos en la viga que llevamos en el nuestro"
Si este post nos hizo pensar algo en esto, quisiera darme con un canto en los dientes.


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"Ecclesia casta et meretrix"


Esta nueva entrada, surge después de ver ciertos artículos periodísticos, escuchar tertulias en la radio, y opiniones de internautas ante noticias que surgen en la prensa digital...
Pues sabéis que os digo, ¡yo sigo queriendo a la Iglesia!, y me explico.


CASTA (referido a la santidad de la Iglesia). La Iglesia es santa ya que es el mismo Jesús quien la funda. No es el motivo de nuestra fe, ya que creer, lo que se dice creer, se cree en Dios. Nuestra fe en la Iglesia deriva de nuestra fe en Dios. No es "el" motivo de nuestra fe, pero sí es "un" motivo de la fe. Nos ayuda a creer en Dios y a Dios. Fue el mismo Jesús quien la fundó y no una invención humana, y así nos hablaba San Juan Crisóstomo: 
"¿Cómo se les habría podido ocurrir a doce pobres hombres, para postre ignorantes que habían pasado su vida en los lagos y en los ríos, emprender una obra semejante? Es evidente que si no lo hubieran visto resucitado y si no hubieran tenido una prueba irrefutable de su poder, no se habrían expuesto a un riesgo tan grave" 
y en esa época, ¡que graves! eran los riesgos que tuvieron los primeros cristianos, persecuciones, falsas acusaciones...

MERETRIX ("prostitución" referido al pecado que hay en los miembros de la Iglesia) Los hombres somos pecadores y en nuestra condición humana cometemos pecados. En el concilio Vaticano II, en la constitución Gaudium et spes 43, se nos dice:
"Aunque la Iglesia, por la virtud del Espíritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Señor y nunca ha cesado de ser signo de salvación en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al Espíritu de Dios. Sabe también la Iglesia que aun hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros  a quienes está confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con máxima energía para que no dañe a la difusión del Evangelio"
Se resalta que la Iglesia abraza en su seno a pecadores y que, santa y siempre necesitada de purificación, busca sin cesar la conversión y la renovación.

Sin embargo, resulta muy difícil entender esta dualidad de santa y pecadora, "casta y prostituta" como dijo San Ambrosio . Pero, para resumir diremos que hay que tener en cuenta que ambas dimensiones no tienen el mismo peso: la Iglesia es santa en su vocación y pecadora cuando contradice esa vocación.
A mi desde siempre me resulto ver los errores de la Iglesia una clara prueba de la existencia de Dios. Si la Iglesia a lo largo de los siglos cometió alguna atrocidad, que si que las cometió, y no las voy a enumerar porque ya hay bastantes que las recuerdan, la Iglesia nunca se derrumbó sino que tomó nuevo rumbo con multitud de Santos que surgían precisamente en esos momentos. Si la Iglesia sólo estuviese sustentada en manos humanas no habría, perdón "ni Dios que la conociese" se derrumbaría como muchos imperios a lo largo de la historia que después de los errores y vicios se cayeron. Dios la sostiene y la mantiene viva dejándola en la fragilidad del la condición humana en su gobierno, pero nunca desaparecerá porque DIOS EXISTE.

Una anécdota de Napoleón que siempre me llamó la atención, sucedió hace 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo. En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:


"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". 
Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!"
El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá. !Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"
Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?

El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase.
La Religión es imperfecta, pero solamente porque el hombre también lo es... Todos, incluido el que os escribe.


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Pater putatibus


Sucedió en momentos próximos a mi ordenación sacerdotal un encuentro casual con un matrimonio, que ellos aprovecharon para felicitarme y valorar el paso que iba a dar. Me preguntan por mis padres, y entendienden la alegría que ellos, también deben estar sintiendo. Luego, surge el tema de la escasez de sacerdotes y la necesidad que hay en la Iglesia de vocaciones. Yo siendo conscientes de su elevado interés en la cuestión, les pregunto si su hijo se lo ha planteado en alguna ocasión; y es entonces cuando me miran sorprendidos dándome a entender que la respuesta era clara, dado que ellos sólo tenían ese hijo, y ¿cómo podía ser posible que siendo hijo único iban a ser privados de un futuro familiar sin descendencia?

Es 19 de marzo, día del Seminario, en la festividad de San José (Pater Putatibus, el padre pensado) de ahí el origen del hipocorístico PePe.
La anécdota relatada en el principio siempre me hizo pensar mucho y en alguna homilía relacionada con las vocaciones la sacaba a colación. ¿Es qué los curas somos tan infecundos como para no dejar huella en este mundo? ¿Somos tan infecundos que al morir no podemos abrir nuestras manos y darnos cuenta que hemos ofrecido algo a este mundo?
Suelen decir, como ejemplo, que una vida se llena plantando un árbol, escribiendo un libro y teniendo un hijo. Bueno, yo conozco gente que no hicieron ninguna de esas tres cosas y que han vivido una vida plena. Y también gente que plantaron árboles, escribieron libros y tuvieron hijos y sus vidas se encontraban estériles. Porque hay libros que lo único que parecen son puzzles en los que se colocan palabras; hijos que de sus padres sólo recibieron la carne; y árboles que escasamente producen sombra.
Ese matrimonio tenían sólo un hijo, y no se preocupaban si su hijo sería feliz respondiendo a una posible vocación sacerdotal, sino si su nieto llegaría a este mundo. Se saltaban una generación.
No debemos tener una mentalidad tan mercantil para la vida, pensando en ahorrarla, buscando simplemente unos beneficios. No debemos guardar la vida en el ropero, pensando que en la vejez liquidaremos el crédito, seremos finiquitados y luciremos esa vida. Una oración de Luis Espinal (jesuita asesinado en Bolivia en 1980) puede expresar mejor esto:
"Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado. Pero, ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser el llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado"
Sí, hoy en día hablamos de crisis vocacional al sacerdocio y así lo expresan las encuestas de la Conferencia Episcopal Española, a pesar de que hallamos subido este año en seminaristas. Pero, podemos verlo también desde el punto de vista que no sólo hay crisis en las vocaciones sacerdotales, sino también en las matrimoniales. No es un tema exclusivo, aunque sólo se hable de las sacerdotales, sino de la vocación en general. De mi vocación como cristiano, de mi vocación al matrimonio, de mi vocación al sacerdocio... Es una crisis de compromiso y de fidelidad. Asusta hoy en día mucho el compromiso, el "para toda la vida" Si queremos que haya vocaciones primero tenemos que ser fieles a la primera llamada que es la vida y juntamente con esa vida, nuestra Fe.

"Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies" (Mt 9, 37b-38)


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